Artículo de Enrique Meneses: “¿La corrupción es progreso?”

Enrique Meneses (Madrid, 1929) ha sido corresponsal en Oriente Medio y la India, director del programa A toda plana de Televisión Española,  director de la edición española de Playboy, creador y director de Los Aventureros en Radio Nacional y,posteriormente fundador de “Los Aventureros”, mensual con dos ediciones, española e inglesa. Realizó la serie “Robinson en África”, para TV2, un periplo de 20.000 km, 112 días y 11 países con sus hijas Bárbara y Anne Isdabelle de 15 y 14 años, de protagonistas. Además de trabajar en Life y Paris-Match, ha colaborado en decenas de diarios y revistas.  Fue el primer reportero que ascendió a Sierra Maestra con el Ché Guevarra y Fidel Castro durante la Revolución Cubana. Ha publicado los siguientes libros: Fidel Castro (Ed. Afrodisio Aguado, 1966), Nasser, el último faraón (Prensa Española, 1970), La bruja desnuda (Ed. Alce, 1976), Seso y Sexo (Ed. Campus, 1979), Escrito en carne (Planeta 1981), Una experiencia humana… Robinson en África (Planeta, 1984), La nostalgia es un error (Planeta), José Luis de Vilallonga (Grupo Libro 88, 1993), Castro, empieza la revolución (Espasa Calpe, 1995), África, de Cairo a Cabo (Plaza & Janés, 1998) y Hasta Aquí Hemos Llegado (Ediciones del Viento, marzo 2006). Dirección electrónica: enrimeneses@gmail.com

10 Abril 2010

¿La corrupción es progreso?

Llama la atención, la escasa influencia que la corrupción tiene en los electores. Aunque los políticos se hundan en ella hasta la nariz, la ciudadanía no ve ningún desdoro en la práctica de este deporte. Al contrario, el hombre de la calle piensa que es normal  que el político corrupto se lleve su parte de la plusvalía de una recalificación de terrenos que va a proponer y que conducirá a que, en vez de un jardín público o un polideportivo, se construyan unos enormes bloques de cemento con forma de colmena más o menos habitable.

En España, la perversión de los valores ha tenido diversos orígenes. En primer lugar, la anómala financiación de las comunidades locales. Todos conocemos los presupuestos anuales del Gobierno Central, la parte que le corresponde a las diversas autonomías pero ignoramos la verdad de lo que las autonomías reparten al tercer eslabón, el más cercano a la población. Siempre se ha dicho que se debe gobernar desde la máxima proximidad a las necesidades de los ciudadanos pero, el cómo, queda en una espesa nebulosa. Ahí entramos en el “Triangulo de las Bermudas”.

Los municipios de España, solo disponen de un arma para desarrollar sus tareas y para ser votados una y otra vez por el censo del pueblo: Recalificar terrenos. Aunque estos figuren en algún plan de desarrollo inicial con otro destino, sufrirá toda clase de modificaciones. Para favorecer los ingresos, no es raro sacrificar  equipamientos, olvidarse de volúmenes construidos o cambiar vivienda social por residencia de lujo.

Las licencias de todo tipo dan dinero a las arcas municipales. Sin ellas no hay obras, sin obras no trincan los ediles ni se ofrece trabajo al pueblo que, además. es el que vota al alcalde y sus consejeros. Es un círculo vicioso en toda la extensión de la palabra. Las importantes comisiones y astillas de todo tipo salen con frecuencia de la rebaja de calidad de los materiales o de la supresión de equipamientos que figuraban en la oferta de la inmobiliaria.

Volvemos a la pregunta inicial: ¿Por qué siguen los ciudadanos votando a los corruptos? Precisamente por serlos porque ello se traduce mentalmente en trabajo mejor pagado que el de un joven licenciado  universitario. Además, en la construcción se ofrece trabajo que no requiere titulación sino ser primo del sobrino del capataz. Y además ¿no ejerce la corrupción el votante al pagar sin IVA una reparación?

Aunque la corrupción existe en los partidos que gobiernan o son alternativa, el Partido Popular, por más empatía con la clase empresarial, ofrece mayor número de casos importantes. Se habla mucho de FILESA que fue un tinglado montado para financiar al Partido Socialista pero del que no salieron acusaciones de enriquecimientos personales. Otra cosa fue el asunto Roldán.  El gobierno de Felipe González persiguió al ladrón hasta Thailandia y consiguió traer el delincuente a España y meterlo en la cárcel. Compárese con la “persecución” que el PP ha ejercido sobre sus afiliados culpables en el caso Gürtel. Lo que más horroriza al partido de la derecha es que se diga que fue financiado por sus corruptos. Que se hayan llevado los sacos de dinero a su casa, como Jaume Matas, no tiene demasiada importancia siempre que no se ponga en duda la virginidad del partido.

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