Sentido de estado

25/enero/2016

La presión se redobla sobre el PSOE en general y sobre Pedro Sánchez en particular.

Primero Rajoy, en una decisión fuera de toda normalidad, sorpresiva y sorprendente, decidió no aceptar la propuesta del Rey de intentar formar gobierno sabiéndose sólo. Prefiere que si ha de caer alguien, no sea él.

Por si fuera poco, como el perro del hortelano, Rajoy y sus acólitos así como toda la prensa afín se escandalizan de cualquier pacto del PSOE con las izquierdas. Piden al PSOE sentido de estado.

Después Iglesias, en una comparecencia atípica más propia de un acto de campaña lanza un órdago sobre los cargos que desea ocupar y los ministerios que desea ostentar en un futuro gobierno con el PSOE, dejando además, una puya sobre lo agradecido que deberá estar Pedro Sánchez si le hace presidente.

Además, en un artículo publicado en el País, Pablo Iglesias, dando lecciones de democracia y transparencia se arroga la estructura de la negociación, con la única finalidad de establecer los tiempos, los formatos y los compromisos, siempre en su beneficio.

Pedro Sánchez debe dejar de un lado los cantos de sirena que, a un lado y otro, pretenden marcarle la hoja de ruta. La hoja de ruta la marca él, la marcamos nosotros, los socialistas.

La hoja de ruta tiene que tener un calendario para la negociación y unos puntos programáticos genéricos para desarrollar por unas comisiones ad hoc entre ambas partes. También hay que priorizar los temas a debatir sin descartar ninguno pero sin aceptar aquello que vaya en contra de la ley.

Una vez negociado el programa de gobierno, justo es que se establezcan los acuerdos para formar un gobierno de progreso, no antes.

Una vez cerrado el acuerdo que deberá ser refrendado por las bases socialistas para garantizar la unidad de acción y el apoyo a la figura del Secretario General.

Si transcurrido el plazo no existe acuerdo programático o de gobierno, las negociaciones deben darse por cerradas con las fuerzas de izquierdas.

Llegado a éste punto, y tal y como ya avance en otro escrito, deberá considerarse la posibilidad de negociar con el resto de fuerzas políticas. Será el momento en que los socialistas les pediremos entonces sentido de estado.

Y si no es posible, nuevas elecciones con la cara bien alta.


El relato socialista: imagina lo que podemos hacer juntos, imagina lo que nos queda por hacer.

12/enero/2016

El relato debe sustentarse sobre la base de los valores e ideas que queremos transmitir”.
Antoni Gutiérrez Rubí

El relato, la narración, es la llave de todo”.
Stanley Greenberg

En política también todo es temporario, lo que no pierde vigencia es el valor de una historia bien contada”.
Orlando D’Adamo y Virginia García Beaudoux

Los socialistas tenemos un proyecto de futuro para España. Un proyecto que se ha trabajado intensamente, basado en la preocupación por los demás y la responsabilidad, y que nos ha permitido definir una clara propuesta federal que dé paso a un país de oportunidades, donde las personas crezcan y progresen. Un país que recupere el conocimiento y la juventud que hubo de salir al extranjero para encontrar un futuro que le fue negado.

Un proyecto construido sobre los pilares de la democracia, el conocimiento y una recuperación económica justa e inclusiva y que, además, está propuesto desde la igualdad, eje principal de nuestro proyecto. Porque queremos un país en el que se respete a las mujeres y a todas las personas que piensan y se sienten diferentes. Un país en el que se rebajen las tasas de pobreza y se incrementen las de solidaridad.

Los socialistas proponemos una reforma constitucional para la convivencia y el entendimiento, que llevaremos a cabo desde el consenso. Una reforma en la que todos tendrán la oportunidad de aportar su opinión y que se trabajará con una visión de futuro sin más límites en los debates que la búsqueda del consenso mayoritario.

Esa reforma que proponemos gira en torno a cinco líneas maestras: la incorporación de nuevos derechos y libertades, la mejora de la calidad democrática, el blindaje del Estado del Bienestar, la construcción europea y la del modelo federal. Este último eje, fundamental para propiciar la convivencia y el encaje de Cataluña en España, se basa en la Declaración de Granada de 2013, de la que los socialistas nos sentimos orgullosos ya que estableció las condiciones concretas de la propuesta federal socialista.

Efectivamente, los socialistas queremos una España federal en la que se delimiten las competencias del Estado y se cedan las demás a las comunidades autónomas; una reforma que establezca en el texto constitucional los principios del sistema de financiación y los instrumentos concretos de cooperación y lealtad institucional.

Queremos descentralizar el estado y hacer copartícipes y corresponsables a las Comunidades Autónomas de mayores cotas competenciales para que asuman a la par más estado. Porque entendemos que hay que poner unas reglas de juego claras e iguales para todos en los que la financiación no sea el problema sino la solución como elemento real de redistribución de la riqueza, con una propuesta de sistema de financiación estable, independiente y riguroso.

Una reforma constitucional que ampliará el derecho a la igualdad de trato y la no discriminación y asegurará la universalidad de la Sanidad o el acceso a la Educación a través de una dotación presupuestaria suficiente. Una reforma que velará por el Medio Ambiente como un valor fundamental más de nuestra sociedad.

Porque queremos mejorar la educación a todos los niveles en la búsqueda de la excelencia con un acuerdo que englobe a todos los sectores afectados; un proyecto inclusivo, abierto y formador de personas y que sea consensuado y refrendado para garantizar su continuidad en el tiempo. Porque queremos mejorar la calidad y prestaciones del actual modelo de sanidad pública universal.

En definitiva, una modificación que pretende el reforzamiento del Estado del Bienestar con el compromiso explícito de anteponer el blindaje de los derechos sociales sobre el pago de la deuda o lo que es lo mismo, revertir las consecuencias de lo dispuesto en el artículo 135 de la CE.

Una reforma constitucional que garantice la independencia real de la justicia y establezca mecanismos transparentes de elección de sus miembros y que mantenga por ley un sistema de financiación independiente y estable. Una reforma que convierta el Senado en la cámara de representación territorial en la que se debatan los problemas de las diferentes federaciones.

Una reforma constitucional que permita mejorar la calidad democrática a través de espacios de participación ciudadana, en los que residirá de forma directa la validación de las decisiones legislativas sobre temas básicos como educación, sanidad, derechos civiles y sociales. Una reforma en la que se plasmen los valores que definan la actividad política de nuestro país, un nuevo contrato social basado en la honradez, ética, servicio y confianza.

En definitiva, una reforma constitucional que integre los valores de la justicia, libertad, equidad e igualdad y que a su vez transmita su visión ética a todos los niveles de la sociedad y a la par garantice unos buenos gobiernos para un futuro mejor.

Una reforma constitucional que se presentará a la ciudadanía para su aprobación en referéndum.

En definitiva, los socialistas entendemos que esta «Constitución de derechos», como la ha definido nuestro Secretario General, es una propuesta nueva e ilusionante que ponemos a la disposición de todos los partidos políticos y la ciudadanía para ser debatida y aprobada y promover así una nueva transición en España.

Éste es nuestro relato. Imagina todo lo que podemos hacer juntos, imagina todo lo que nos queda por hacer.


¿Y ahora qué?

02/enero/2016

Con 2016 llega un nuevo año cargado de ilusiones y expectativas, pero también de cambios, algunos de ellos con tintes dramáticos que, sin duda, quedarán para la historia.

PSOE se encuentra en una encrucijada que marcará su futuro como partido político pero que a su vez condicionará al resto de partidos. Es pues, una vez más, responsable ante la historia y tan primordial como lo fue antes de la muerte del dictador para consolidar la transición y conseguir para España las cotas de democracia, libertad y autogobierno que hoy tenemos: las mayores, estables y prolongadas de nuestra historia.

Con una presencia más que discreta en el hemiciclo como resultado de las recientes elecciones, su mermada fuerza sigue siendo imprescindible –pese a quien pese- para conformar gobierno ya bien sea con tintes progresistas o continuistas, o condicionar nuevas elecciones.

Cualquiera de las opciones elegida marcará de por vida el socialismo.

El PSOE encara la negociación con la izquierda con muchas dudas, especialmente por la divergente visión territorial de España. Si bien no habría que tener excesivos problemas en llegar a acuerdos de índole social, económico y laboral, la intransigencia mostrada públicamente en la exigencia de un referéndum sobre el territorio nacional planteado sobre una parte del cuerpo electoral hace del todo imposible un acuerdo, especialmente si tenemos en cuenta que más de un tercio de los votos asociados a la segunda fuerza de la izquierda en votos lo exigen como condición sine qua non.

Más dudas aún supone la otra opción que permitiría la continuidad del actual gobierno que además de ser responsable de una legislación restrictiva de derechos civiles y sociales, está compuesto por un partido que acumula una gran y evidente sombra de corrupción que ha contribuido al descrédito de la administración.

A su vez, no hacer nada o, lo que sería lo mismo, no conseguir nada pese a intentarlo, podría ser interpretado como un síntoma de debilidad, intransigencia o lo que es peor, de inutilidad por parte del electorado que en unas nuevas elecciones forzadas decantaría su voto hacia cualquier otra fuerza a derecha e izquierda en un supuesto voto útil que, sin duda, perjudicaría la representación del socialismo. Ésta debiera ser la única opción no deseable o, dicho de otro modo, la última opción.

La obligación primigenia del PSOE, la obligación ética y moral para con sus votantes, es defender y negociar un pacto de izquierdas que permita recuperar los derechos y libertades que la derecha nos arrebató; sin duda alguna.

Una negociación transparente, en la que se intente conseguir un gobierno estable presidido por los socialistas cuya finalidad sea la de recuperar el crecimiento, el trabajo y el estado del bienestar, en definitiva, recuperar la ilusión. Además, un gobierno que siente las bases para una reforma constitucional en la que se diseñe un nueva relación territorial con el Senado como cámara de representación, en la que se incorporen nuevos derechos y se blinden los ya existentes, en la que se establezcan reglas claras para exigir ética entre la clase política, en la que la una justicia ajena a presiones políticas tenga unas reglas de selección transparentes y unos presupuestos garantizados y que, finalmente, sea refrendada por todo el cuerpo electoral. Unos acuerdos que deberán ser avalados por las bases socialistas.

Únicamente si esta negociación no llega a buen puerto especialmente por la intransigencia de la otra parte, podría considerarse abrir la puerta a la negociación con las fuerzas situadas en el otro espectro político con las mismas reglas que las explicadas anteriormente.

En éste caso, de llegar a un acuerdo, el sacrificio no sería baladí ya que condicionaría las políticas del gobierno además de mantener una mayoría suficiente para la reforma constitucional que merece España.


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