Sentido de estado

La presión se redobla sobre el PSOE en general y sobre Pedro Sánchez en particular.

Primero Rajoy, en una decisión fuera de toda normalidad, sorpresiva y sorprendente, decidió no aceptar la propuesta del Rey de intentar formar gobierno sabiéndose sólo. Prefiere que si ha de caer alguien, no sea él.

Por si fuera poco, como el perro del hortelano, Rajoy y sus acólitos así como toda la prensa afín se escandalizan de cualquier pacto del PSOE con las izquierdas. Piden al PSOE sentido de estado.

Después Iglesias, en una comparecencia atípica más propia de un acto de campaña lanza un órdago sobre los cargos que desea ocupar y los ministerios que desea ostentar en un futuro gobierno con el PSOE, dejando además, una puya sobre lo agradecido que deberá estar Pedro Sánchez si le hace presidente.

Además, en un artículo publicado en el País, Pablo Iglesias, dando lecciones de democracia y transparencia se arroga la estructura de la negociación, con la única finalidad de establecer los tiempos, los formatos y los compromisos, siempre en su beneficio.

Pedro Sánchez debe dejar de un lado los cantos de sirena que, a un lado y otro, pretenden marcarle la hoja de ruta. La hoja de ruta la marca él, la marcamos nosotros, los socialistas.

La hoja de ruta tiene que tener un calendario para la negociación y unos puntos programáticos genéricos para desarrollar por unas comisiones ad hoc entre ambas partes. También hay que priorizar los temas a debatir sin descartar ninguno pero sin aceptar aquello que vaya en contra de la ley.

Una vez negociado el programa de gobierno, justo es que se establezcan los acuerdos para formar un gobierno de progreso, no antes.

Una vez cerrado el acuerdo que deberá ser refrendado por las bases socialistas para garantizar la unidad de acción y el apoyo a la figura del Secretario General.

Si transcurrido el plazo no existe acuerdo programático o de gobierno, las negociaciones deben darse por cerradas con las fuerzas de izquierdas.

Llegado a éste punto, y tal y como ya avance en otro escrito, deberá considerarse la posibilidad de negociar con el resto de fuerzas políticas. Será el momento en que los socialistas les pediremos entonces sentido de estado.

Y si no es posible, nuevas elecciones con la cara bien alta.

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