Carta abierta

Hola, me presento.

Mi nombre es Ernest Suñé. Soy nacido en Barcelona, tengo 53 años. En Cataluña nací y he trabajado siempre en Cataluña y por vacaciones nos apasiona viajar, especialmente por otros lugares de España.

Mi esposa Pilar es, como yo, nacida en Cataluña; mis tres hijos, nacidos en Barcelona. En todas las conversaciones, el bilingüismo es completamente natural pues según quien sea nuestro interlocutor hablamos catalán o castellano. Ningún problema.

De joven me aterrorizaba la idea de no poder disfrutar como la mayoría de los países europeos de la democracia, para mí el poder defender mis derechos en el trabajo o poder expresar mis ideas políticas era y es esencial en mi vida.

Siempre milité sindicalmente, a pesar de mis responsabilidades laborales. Hasta el día de hoy, milito activamente en un partido político. Hasta el año 2003 siempre de voluntario y a partir de ese año dedicado plenamente a la política.

Por nuestra edad, mi esposa y yo no pudimos vivir el mayo del 68 ni fuimos conscientes en su día de la transcendencia de lo ocurrido en el año 1976 en Barcelona. El día uno y el día ocho de febrero se produjeron las mayores manifestaciones en 40 años de dictadura. En ellas, la población de Barcelona, catalanes, de origen y de adopción, hablando catalán o castellano, todos unidos, gritaron y pidieron “Llibertad, Amnistía i Estatut d’autonomia“.

El Estatut d’Autonomia, para nosotros, suponía el Estado federal en el que siempre hemos creído y seguimos creyendo.

La decepción vino con la gestión de los gobiernos convergentes y del famoso “peix al cove”, del “pal de paller”, del “sóm sis milions” y de la “la feina ben feta no te fronteres”. Con el tiempo nos iríamos dando cuenta de que toda la gestión en Cataluña había sido un fraude para vaciar las arcas en su beneficio y mantenerse unos pocos en el poder, exactamente igual que el movimiento independentista, que han llevado a Cataluña a perder la Autonomía con una gestora que no puede pagar sus deudas por falta de liquidez.

Nosotros, mi familia, no somos nacionalistas; nos sentimos, simplemente, catalanes y españoles, que queremos vivir en paz y disfrutar, como la mayoría, de nuestro Estado que nos protege y defiende. Tenemos el claro convencimiento de que todos los catalanes seremos capaces sumar y mejorar ésta nuestra España, y transformarla en un nuevo país que no tenga los defectos de los estados decimonónicos que hoy arrastramos y del que Cataluña es puro reflejo.

Somos conscientes que la corrupción se ha producido en mayor o menor medida en todo el estado y especialmente en Cataluña, pero si tenemos una pierna infectada y la cortamos, esa pierna morirá y el resto del cuerpo andará cojo, por lo que siempre será más fácil curar la pierna y andar todos juntos, ir todos a una.

Hace tiempo que decidí que la solución para arreglar España pasaba primero por arreglar Cataluña. Pese a tener mucho potencial es la comunidad que actualmente peor funciona, el proceso independentista, egoísta e insolidario, ha perdido la escala humana: sus responsables hacen política pensando única y exclusivamente en la mitad los ciudadanos.

La democracia debe ser más participativa y real, pero también con pleno respeto al Estado de Derecho. Por suerte la Constitución, que garantiza nuestra Libertad, supone un corsé para los independentistas que aun siendo muchos, ni son todos los catalanes ni nos representan a todos. Esas personas creen que rompiendo el Estado de Derecho y las normas que entre todos nos hemos dado pueden hacer y deshacer, como siempre, con una única finalidad, su interés egoísta.

Hay que recordar que tuvimos la oportunidad de cambiar el signo de la historia en marzo del 2016 cuando Pedro Sánchez se presentó a la investidura, pero no fue posible.

En aquel momento los españoles prorrogamos más la agonía política en España y, por ende, en Cataluña, y aplazamos la posibilidad de amnistiar a los muertos que siguen en las cunetas, a anular las viejas sentencias judiciales, a juzgar a los responsables y a preocuparse por los que murieron defendiendo la libertad. Y a afrontar de una vez por todas en cambio Federal que España y los españoles merecemos con la mejora de la justicia, la educación, la sanidad, las pensiones…

Todas estas conclusiones me llevaron a un estado de mayor implicación política. Me embarqué en el apoyo explícito a Pedro Sánchez y Miquel Iceta, personas que están llamadas a ser una parte importante de la solución que España y los españoles y todas sus Comunidades Autónomas necesitamos. Pero sólo una parte, necesitamos más personas, pues la mejora de España nos implica a todos.

A todo el que puedo le explico y le abro los ojos: por imposible, la independencia es una quimera, y que la única vía real es el Federalismo a través de una reforma Constitucional.

Usando el sentido común se llega a la conclusión que la mejor solución para nuestra España es el Federalismo.  Si conseguimos que España sea Federal, podremos plantear un nuevo sistema de financiación tan solidario como responsable que beneficie a todas las comunidades y con gobiernos de izquierdas podremos revertir los recortes que los últimos gobiernos han aplicado en España y Cataluña y revertir las pésimas políticas aplicadas por los partidos nacionalistas. Solamente desde la izquierda podremos:

  • Luchar contra la corrupción
  • Mejorar la calidad de nuestras escuelas y de nuestros hospitales.
  • Garantizar el uso de los idiomas oficiales.
  • Homogenizar el nivel de renta de los ciudadanos.
  • Incentivar nuestra industria, actualmente en recesión por el proceso independentista.
  • Ayudar a nuestros emprendedores a que generan riqueza y por lo tanto trabajo.
  • Conceder becas a nuestros estudiantes.
  • Destinar nuestros impuestos a hacer infraestructuras que nos ayuden a exportar a Europa.
  • Potenciar la investigación para ganar el futuro.
  • Mejorar las prestaciones sociales.
  • Garantizar para todo el mundo unas condiciones de vida dignas.

En resumen, podríamos garantizar el estado de bienestar que está en crisis por las políticas de recortes que la derecha ha impuesto en toda España y especialmente en Cataluña.

Lo que mayor satisfacción me ha dado en de toda mi vida es saber que mis hijos ven que en la lucha contra la injusticia sus padres están ahí, y que nuestros nietos –cuando lleguen- también tendrán la certeza qué para seguir defendiendo su futuro como españoles y ciudadanos de Cataluña, en un momento histórico como éste, estuvimos al pie del cañón.

 

Ernest Suñé

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One Response to Carta abierta

  1. rubeamp dice:

    Casi completamente de acuerdo Ernest, yo personalmente antes que Español y Catalan humano universalista, amplio tu holónimo. Estoy de acuerdo con el federalismo, pero antes que el federalismo creo que habría que consensuar un mínimo divisor común, acotar el término dignidad. Todo este proceso el cual coincido contigo da pleno sentido a la palabra quimera . Lo que me ha sorprendido y he estudiado pero debo ampliar, cómo es posible que el sentido de la identidad haya podido arrastrar a tantas personas; he estado estudiando el fenómeno de las masas, encontre una tesis doctoral que me sirvió de apertura en el tema. Pero aún creo que me faltan cosas.

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