Obituario: Miguel Gimeno

11/junio/2017

Socialista hasta la médula, trabajador incansable y buena persona. No necesito más palabras para describir a Miguel y no creo que él quisiese más. Es más, estoy seguro que no querría ninguna.

Jocoso, ácido, inflexible, defensor de las buenas causas, aquellas que no siempre ganan pero que siempre requieren de personas soñadoras para defenderlas.

Así era Miguel.

Con su voz sindicalista gastada en mil batallas,muchas de ellas defendidas hasta la extenuación, con cientos de victorias y algunas derrotas amargas -¡maldita droga!- que forjaron su personalidad dura, fuerte, sensible a los necesitados y hasta cierto punto quijotesca, de luchas ante rivales poderosos, que son las mejores luchas.

Esa voz que en cada campaña, a cada elección me susurraba al oído “Ernesto, dame sobres y papeletas que voy repartir por La Plaza”. Si La Plaza con mayusculas, su Plaza. La que vio crecer a sus esperanzas y su lucha, la que con otras personas, vecinos todas ellas, modelaron hasta hacerla amable y querida. Su plaza.

Y su firmeza moral. Su calidad humana. Esa que hacía que todos los militantes le reverenciásemos; esa que conseguía que en los barullos de las asambleas la gente callase para oír lo que tenía que decir, para asentir. Como si del protagonista de una novela de Delibes se tratase.

Él, que se dirigía a nosotros siempre en castellano y que nos llamaba como nos bautizaron nuestros padres: Eladio, Eduardo, Gregorio, Jaime, Ernesto…

Que siempre te implicaba en alguna batalla: para hacer fotocopias, para escribir una carta o plegar miles… y ensobrar, ensobrar, ensobrar… La tarea más tediosa y más pedagógica a la vez, que te permitía compartir horas de anécdotas de lucha obrera, de represión; horas de dudas y de crítica a los dirigentes. Sí, críticas duras, porque las más duras siempre eran para los suyos, a los que quería puros, honestos, trabajadores. Los quería como era él.

Para siempre quedará en mi recuerdo esa foto en blanco y negro que coronaba la antigua sede socialista en Masnou, aquella en la que Miguel, junto con otros notables miraba al frente con rostro serio, grave, esa foto que marcó una época. Una foto para el recuerdo…

¡Y llegó tu día! tantos años a las puertas del cementerio entrando y saliendo, ayudando a los demás, y ahora has comprado sólo billete de ida y te has ido…

¡Descansa en paz!


A %d blogueros les gusta esto: